Dónde estoy después de ayer y antes de mañana

Dónde estoy después de ayer y antes de mañana

 

 

“Quién fuimos o
quién seremos abre ese espacio vacío para el desconocido ¿quién soy? Quién soy
después de mi historia y antes de mi futuro. Ese maravilloso arte de la vida en
la incertidumbre donde dejarlo todo es una opción liberadora y el ¿ hacia dónde
voy ahora? es un misterio que nos quita el sueño”


Namasté queridos lectores, hoy quiero contarles cómo va un
poco de todo este proceso que estoy viviendo. Sé que muchos de ustedes me
conocieron con alguna “etiqueta”, eso me recuerda, que todos vemos lo que
queremos ver, que todo lo exterior no es más que una percepción de aquello que
necesitamos ver en determinado momento, y que esas etiquetas pueden ser una
maleta pesada en nuestro viaje.

Me alegra empezar a escribirles estas cartas, estoy preparando
un proyecto solo de eso.

La comunicación es un factor sumamente importante, aprender
a expresar lo que sentimos y todo por lo cuál estamos pasando. No solo por el
hecho de comunicárselo a alguien más; en realidad, al tener el valor de hacerlo,
lo que hacemos es poner en orden nuestras ideas y traer claridad a nosotros
mismos.

Poco a poco, voy más cerca de mí y quizá, mucho de lo que
empiece a compartir va a dejar de ser interesante para muchos. Esto es algo que
me cuesta aún asimilar. Una parte de mí siente que todavía debe dar algo, que
tengo mucho por dar y compartir.

Me recuerdan las palabras que me dijo una amiga cuando ya
hace algún tiempo le conté mi decisión de dejar de danzar en los escenarios,
ella me dijo:

No prives al mundo de tu danza”

Sus palabras me llegaron profundo, sus palabras no me dejaron
en paz por un buen tiempo.

¿A quién estaba privando en realidad?

Reflexioné una y otra vez y recordé todas las veces que me
habían felicitado por mi buen trabajo artístico. Por todas mis estudiantes que
creían y confiaban en mí.

Finalmente dejé la danza, quizá la he dejado de todas las
formas físicas posibles (su esencia siempre vive en mí y la aplico en mi vida).
He dejado la mente fuera de todo esto porque los recuerdos atormentan, los
recuerdos de quién fuiste, los recuerdos que pesan, la historia que pesa. Por
eso, al no pensar ni recordar, puedo ver mi presente con mayor claridad, puedo
ver la oportunidad de re-inventarme.

Lo mismo está pasando justo ahora. Me pregunto a cuántas
personas voy a privar de todo lo que antes compartía. Me pregunto si a ellas
les importará, me pregunto si realmente yo estaba haciendo algo valioso (y sé
que para muchas personas sí fue así), me pregunto también por los misterios del
universo donde nada ni nadie es indispensable.

Y por eso, al final siento paz, no soy indispensable, ni
nada de lo que diga lo es
, y por eso también, nada de lo que ahora empiece
a hacer lo será. Eso me quita una carga de encima, me hace sentir que no soy
responsable de nada, excepto de seguir mi corazón.

Sé que, al igual que con la danza, luego ya no se acordarán
de mí, ni de lo que hacía, ni les hará falta tampoco. Siempre habrá nuevas bailarinas,
nuevas maestras de yoga, nuevas terapeutas, nuevas canalizadoras; más me queda en
mi tranquila consciencia que, Diana solo habrá una, vida solo tengo una,
aquella en el que tuve el valor de volver a empezar una y otra vez. Y tal vez
ese sea mi mayor mensaje.

Esa es también la parte que más temo de mí misma, la que más
rechazo, la que no quiero que aparezca. Pero cuando llega, así sin pedir
permiso, así como cuando le advierto que me siento muy bien con mi vida ahora, simplemente
llega y me vuelvo a sentir viva. Es imposible decirle que no, es imposible
rechazarla. Mientras la abrazo cuando la veo le digo: “pero te dije que esto
pasaría, te dije que ya no quería que volvieras a aparecer, te dije que por fin
quería tener algo estable”. Y entonces ella no dice nada, solo sigue ahí,
insistente, hasta que por fin sedo, hasta que por fin me dejo seducir de su
encanto y me doy cuenta cómo la vida es capaz de renovarse una y otra vez. Como
la vida tiene la capacidad de hacernos sentir vivos siempre y cuando estemos
dispuestos a morir a las prisiones de nuestra mente. Entre más morimos ante
nosotros mismos, más podemos descubrir todo aquello que parecía se nos es
negado.

Y así sin más, tomo lo mejor que aprendí de ustedes, de mí,
de todo lo que dije, incluso de lo que no fui capaz de decir. Sabiendo que los
pilares de mi vida siguen intactos y más vibrantes que nunca. Con todo ese
mundo espiritual que me sostiene lista para compartir este viaje.

Ya les iré contando más.

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